lunes, 6 de agosto de 2012

Fragmento

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- Y no te has puesto a pensar que...
- Ni me lo mientes.

- Que es, entonces?

Alguien que pasó silbaba un tango. En la calle un perro amarillo dormitaba. Luego abrió un poco los ojos, estiró las patas, se desperezó. El crepúsculo era tenue. El miraba obnubilado el horizonte, trozos de ángeles flotando en las montañas.

Pensaba en ella, en su perfil hermoso, en su aroma de pétalos y nieve. En esos ojos lindos, demasiado. Pensaba en sus manos; en esa boca roja, respingada. Pensaba en sus manos que tejen gaviotas de agua en el aire. Pensaba. Pensaba que quizá, tal vez, amar era estar equivocado. Pero era tan dulce, tan divinamente dulce amar, que quizá también, tal vez, era el mejor camino. El verdadero.

- No me vas a decir que no es bonita.

Pero el ya no estaba.