Puntas de hojas verdes se alzan en la fresca mañana, todo está tranquilo. Una frágil levedad gira en el aire, sostenida, acuosa sustancia que se mezcla en nuestros ojos y flotando vamos a parar a alguna nube. Los animales, las vacas observadoras, caracoles entre miel de tierra húmeda. Respiramos el arena deliciosa del tiempo, la sutil harina de la piel del viento.
Todo es policromía de diamantes. Los tejados de las casas, los pastizales, hondonadas acá, protuberancias allá. Y múltiples riachuelos juguetones.
Son las montañas.
Hay violines detrás de los arbustos. Resonancias, ángeles vegetales que tocan arpas de hojas y madera. El incendio callado de la tierra, los volcanes en que viven las hormigas, la imperturbable fiereza pacífica de la naturaleza. La tensión perfecta, sin idas ni alambres. Solo las luces delicadas del misterio.