jueves, 21 de noviembre de 2013

La entrada

Puntas de hojas verdes se alzan en la fresca mañana, todo está tranquilo. Una frágil levedad gira en el aire, sostenida, acuosa sustancia que se mezcla en nuestros ojos y flotando vamos a parar a alguna nube. Los animales, las vacas observadoras, caracoles entre miel de tierra húmeda. Respiramos el arena deliciosa del tiempo, la sutil harina de la piel del viento. 
Todo es policromía de diamantes. Los tejados de las casas, los pastizales, hondonadas acá, protuberancias allá. Y múltiples riachuelos juguetones. 
Son las montañas.
Hay violines detrás de los arbustos. Resonancias, ángeles vegetales que tocan arpas de hojas y madera. El incendio callado de la tierra, los volcanes en que viven las hormigas, la imperturbable fiereza pacífica de la naturaleza. La tensión perfecta, sin idas ni alambres. Solo las luces delicadas del misterio. 


martes, 12 de noviembre de 2013

aire

vino,
cuarto oscuro

libros de poetas locos, elevados
mutantes, luminosos

humo y ceniza blanca 
como una gota de leche fosilizada

fantasmas
de caballos espectrales

hebras nocturnas
eco de las montañas

una mano que pasa su mano
por una espalda desnuda

tela que cae, vapor de agua
mieles fluyendo en vertical orgasmo

la ráfaga crisálida del diáfano misterio

y un suspiro reverbera por los pulmones del aire

miércoles, 23 de enero de 2013

x


Encontrar la conexión vital y fundirse en ella, vivirla, abrazarla y perseguirla como al recuerdo del útero que nos sostuvo. Me pregunto si en nuestra memoria no estará grabada una canción estelar, una vibración cuántica de lo que somos fundamentalmente. El origen, la chispa primigenia, esa partícula indecible que nos tiene actuando, sintiendo. Escuchando ecos galácticos, nos dejamos imbuir de sus rumores, eso que sentimos en el aire, invisible, esa red armónica que se puede respirar casi. Seguimos en la búsqueda, incesante tendencia del espíritu (todo son palabras, símbolos tonales para nombrar lo abstracto, intentar expresar lo inexpresable), del sentir celular esencialmente íntimo de cada ser. Nos movemos enfrentando arquetipos, tratando de encontrar la otra cara de cualquier cosa. Y una vez encontrada, el olvido. Pero no un olvido de amnésico, si no un desechar lo que no caza, lo que no ajusta. Es mirar el recuerdo como sobrevolando un paisaje: no ya siendo parte del paisaje si no observador de sus vertientes, de la topografía del pasado. Pero no es un recordar con sentimiento, eso sería entregarse, sucumbir. Es más bien un reto y una recuperación. 
Algunas culturas, como los toltecas (y seguro no eran los únicos) tenían la costumbre de recordar, al final de cada día, todo lo que habían hecho. Una especie de diario mental. Incluso era ejercicio obligado para los niños. Catalogaban sus actos, se reinventaban cada día; la purga, la confesión diaria en el recinto de la conciencia. De estas razas pragmáticas y misteriosa surgen los principios del psicoanálisis. ¿Freud? Él no inventó tal cosa, solo le dio un sistema y un lenguaje occidentalizado. Imposible que tras siglos y milenios de existencia humana, un hombre pre apocalíptico descubriera los misterios de la memoria. Pero bueno, dejemos quieto a Freud. Íbamos en que en el aire hay algo cósmico asociado a una  mente milenaria, partículas de dios, esencia cristalina, pequeñas supernovas como escamas, coloridas y polícromas y etéreas...